Contra la planificación

“En la vida ocurre lo que en el ajedrez. Trazamos un plan, pero ese plan está condicionado por lo que quiera hacer, en el ajedrez, el adversario, y en la vida, el destino. Las modificaciones que el plan sufre con ello son casi siempre tan grandes que en su ejecución apenas resulta ya reconocible en algunos de sus rasgos básicos”

Schopenhauer

***

El otro día discutía con mi buena amiga Noemí Carro sobre productividad, planificación y estas cosas. Ella es una obsesa de la planificación y de la productividad y yo soy un mono con dos pistolas. Es normal que enfoquemos el tema de forma diferente.

El caso es que pensé que sería buena idea escribir una niusleta sobre por qué creo que es mejor no planificar que planificar. Y, como es mi cumpleaños, trataré de ser sintético:

Primero, la planificación gratifica a tu cerebro. Parecido a lo que comenté en esta niusleta, cuando planificamos, en nuestra mente, ya estamos haciendo. Y, cuanto mejor y más profundo es el plan, más hemos completado virtualmente el proyecto.

Es parecido a lo que les pasa a los eternos estudiantes, que hacen un curso y otro y otro y nunca ponen en práctica lo que han aprendido (así que nunca aprenden, en realidad, porque la práctica es muy distinta de la teoría).

He conocido a muchos emprendedores que diseñaban planes de la hostia y que sabían exactamente qué necesitaban, cuánto les iba a llevar, qué iban a conseguir con cada pequeña parte del plan… Ahí siguen, planeando desde hace años sin ejecutar nada.

Eso sí, el plan es de 10.

Pasa lo mismo con algunos que quieren ser escritores. En lugar de sentarse a escribir, se sientan a planificar el mundo donde se desarrollará su novela. Sorpresa: El mundo que intentan diseñar es infinito, así que jamás escriben.

Segundo, la planificación te resta opciones. Cuando haces un plan, lo haces en función de los conocimientos que tienes en el momento. Sin embargo, cuando ejecutas un proyecto, del tipo que sea, siempre encuentras conocimiento nuevo por el camino.

Así que, en el mejor de los casos, si eres capaz de ejecutar tras planificar, deberás revisar constantemente tu plan para adoptar las nuevas opciones que te van apareciendo. En el peor de los casos, ignorarás esas opciones porque no se ajustan al plan inicial, aunque sean potencialmente mejores.

Esto es: En el mejor de los casos, estás en las mismas que si no hubieras planificado. En el peor, estás peor.

Tercero, la planificación te quita tiempo. En muchas ocasiones, emprender un proyecto es una carrera contrarreloj. Hay otros tantos haciendo lo mismo que tú y, si llegas antes, tendrás ventaja. Además de lo obvio: El tiempo que tenemos es limitado.

La planificación te quita tiempo de ejecución. Lo cual estaría bien si los demás puntos no existieran. Es decir, si planificar funcionase y te ayudase a ejecutar mejor y más rápido, pues bienvenida sea esa pérdida de tiempo. Pero no es así.

Cuarto, la planificación no funciona. Bueno, no funciona en el caso de emprender y cosas así. Planificar cómo vas a estudiar para un examen sí funciona, porque tienes de antemano toda la información que se necesita para cumplir el objetivo. Pero, al emprender, la incertidumbre ocupa el 90%.

¿Cómo planificas la incertidumbre?

No se puede. Esa herramienta que pensabas usar ya no ofrece la funcionalidad que te interesaba. Tu hosting no aguanta, tienes que cambiar a otro más caro. Aquel código que creías que sería un momentín en realidad es imposible. Hacer crecer tu cuenta de tuiter no es tan fácil como decía el gurú. Google ha decidido marcar tu web como pure spam sin razón aparente.

Por no hablar, por supuesto, de que igual un cáncer engancha a tu padre y a tomar por culo el plan.

No es que no planificar resuelva los problemas anteriores, pero al menos no has perdido el tiempo haciendo un plan inútil y que te pone unas anteojeras que dificultan la búsqueda de alternativas.

Quinto, la planificación es una excusa. Este es el punto más importante. La mayoría de las veces, quien planifica mucho lo hace para tener una excusa para no ejecutar. Puede ser por mil razones, pero la más habitual es el miedo.

Mientras estás planificando, no has fracasado. Hasta que no ejecutas, no fracasas. Claro que tampoco consigues nada, pero, oye, es mejor no ganar que perder. Y más aún si tienes un plan de puta madre y cada vez que lo miras te dices: “Buah, esto lo va a petar”. A tu cerebro le gusta eso.

Y hasta aquí las razones por las que no deberías planificar.

Es mejor ser inconstante, caótico, ir a lo loco y disfrutar del camino EJECUTANDO.

Planificar es hacer turismo exprés. No planificar es viajar.

***

Esta semana recomiendo:

https://www.youtube.com/user/raicesdeeuropa